¿Te angustia fallar en conseguir lo que te propones? ¿Sientes que has fallado demasiadas veces? ¿O te castigas por haberlo hecho en algo que consideras importante? En definitiva y mucho peor ¿te sientes un fracaso?

Entonces sigue leyendo, que voy a contarte acerca de mi experiencia.

Fallar es algo que todos hacemos. Algunas veces atribuimos el fallo a la suerte. Otras veces a nuestra conducta. La vida de las personas del primer grupo suele transcurrir sin que se den cuenta de que son responsables, nunca en todo, pero sí en parte, de lo que les ocurre.

Y ese es un gran error. Lo que nos pasa recibe la influencia de innumerables factores. Muchos de ellos tienen que ver con las acciones que llevamos a cabo. Algunas influyen directamente y otras indirectamente.

Las personas del segundo grupo, aquellas que atribuyen los fracasos a su conducta, en ocasiones pueden ser muy duros con ellos mismos, con sus decisiones y sus acciones. Después de un tiempo comienzan a pensar que todo lo hacen mal. Esto es un problema muy grande para la autoestima de una persona(te dejo este artículo para mejorarla aquí), que con el paso del tiempo puede hacernos caer cada vez más emocionalmente.

Mi experiencia

Así es como me ha ocurrido a mí: Muchas veces he sido dueño de una de las opiniones más destructivas que puede tener una persona consigo misma, y también con los demás. Sin embargo ese no es el tema de este artículo. Así que vamos con el primer caso. Como dije, una opinión destructiva: soy un fracaso.

Obviamente esta opinión no venía de la nada. Algo expresaba, y es que miraba hacia atrás en mi vida y me daba cuenta de que no había logrado ninguno de los objetivos que de niño o adolescente me había planteado. Vivía la vida, pero no estaba en el lugar que se suponía que debía estar. ¿Suena raro? ¿Debía estar?

Cada día me levantaba y me cuestionaba por qué mi vida no era como la había imaginado. Suponía que era tarde. Tenía familia y no disponía del tiempo para empezar de nuevo. Así que hice lo que muchos: seguir como hasta entonces pensando que en algún momento todo mejoraría.

Ya sabrán el final ¿verdad? Así es. Nada mejoró. Con el paso del tiempo la voz que me decía que era un fracaso no hacía más que intensificarse.

Fue en ese momento, cuando sentía que no podía ser peor, que algunos sucesos y personas que fui encontrando en el camino hicieron de a poco que me diera cuenta, sin quererlo en realidad, que debía replantearme la manera en que estaba viendo mi vida. Algunos fueron importantes, real y aparentemente. Otros podrían parecer de muy poco peso, pero tanto se correspondían con lo que me pasaba, que sentía que prácticamente habían sido puestos en mi camino a propósito. Y así empezó un largo cuestionamiento a mí mismo.

Comencé a preguntarme si en verdad era un fracaso. No había conseguido casi nada de lo que me había propuesto. ¿Casi nada? La verdad es que no conseguí algunas, pero gané otras. Algunas de ellas fueron muy valiosas y voy a mencionarlas abajo.

Por otra parte también me pregunté si el lugar en el que me imaginé que debía estar era en el que quería estar. Esas preguntas llevaron a otros planteos y finalmente me di cuenta de algunas cuestiones.

Lo que descubrí puede expresarse en una frase de Henry Ford:

“El fracaso es simplemente la oportunidad para comenzar de nuevo, en esta ocasión con más inteligencia.”

Es cierto que fallé ¿y qué? ¿Acaso nadie falla? A veces tenemos la maldita mala costumbre de meter en nuestra cabeza a la fuerza que fallar no es una opción. Y a veces se lo decimos a otras personas. Déjame decirte algo. Fallar siempre es una opción. Porque podemos tratar de prever hasta el mínimo detalle. Podemos pensar mucho tiempo las cosas. Podemos planificar hasta lo impensado (aunque tristemente la realidad es que no podemos). Y de igual forma podemos fallar. Tenemos la posibilidad de desanimarnos, o descubrir nuevas soluciones, nuevos caminos. La vida es así y sólo nos queda aprender de ello. Sí, el aprendizaje es lo más valioso que puedes conseguir.

Por eso quiero contarte que es lo que yo aprendí:

Decirte fracasado es una de las cosas más dañinas que puedes hacerte.

Porque así no defines los hechos productos de tus decisiones o tus acciones. Te defines a ti mismo. Una persona puede fracasar o no en algo. El fracaso es un hecho, una circunstancia.

Pero si te crees que el fracaso no es una circunstancia sino tú mismo, terminaras fracasando siempre.

  • Nunca te llames a ti mismo fracasado. Y nunca llames así a otros.

Nadie está exento de fracasar en algo. Desistir y lamentarte es lo peor que puedes hacer. No te llevara a nada y terminaras perdiendo el tiempo. Y cuando lo pierdas tendrás algo más de que lamentarte.

  • Así que deja de lamentarte e intenta de nuevo.

Intentar más de una vez no significa tropezar con la misma piedra. Lo hacemos demasiado seguido. Dije que lo valioso de fracasar es el aprendizaje. Y para que este sirva de algo, tenemos que analizar por qué fallamos, qué hicimos bien, y también qué hicimos mal para no repetirlo, qué otros caminos podemos tomar. Sé creativo (te interesará este artículo).

  • Si fracasaste en algo, haz que valga la pena y usa la cabeza para no repetirlo.

A veces realmente intentamos por inercia mantenernos enfocados en aquella gran meta. La que debemos cumplir para ser exitosos. Probablemente hayas escuchado o leído aquella frase que dice que cambies el camino, no la meta (o algo así). Es un mal consejo. Las personas cambian, y por lo tanto sus metas también pueden hacerlo. Es parte del autodescubrimiento. Y retomando lo anterior, es poco menos que estúpido perseguir aquella gran meta que debes cumplir. La verdad es que no debes cumplirla. Si lo haces, mejor que sea porque quieres cumplirla, no porque debes.

  • No tengas miedo de cambiar tus metas. Si tú cambias, probablemente las metas cambien contigo.

Es cierto que teníamos otros planes. Y plazos. ¿A quién no le gustan los plazos en esta sociedad? Se entiende que haya plazos para la construcción de un puente, para levantar un hospital, para pagar el alquiler. ¿Pero plazos para la vida? Nunca es tarde para cambiar de dirección, empezar de nuevo. Tal vez no consigas lo que quieres, pero sí podrás vivir como quieres. Vivir la vida que tú elijas cuando tú elijas.

  • Deja de vivir los tiempos de otros. Luego no vas a poder echarles la culpa.

Nos concentramos demasiado en los resultados esperados. Pero no nos damos cuenta de que no están bajo nuestro completo control. Lo que hacemos sí. El mundo no acaba por fracasar. No es eso lo importante, sino lo que hacemos para no fracasar otra vez.

  • Deja de vivir en la ilusión de la justicia. Los resultados pueden darse o no. Pero siempre podrás sentirte orgulloso del camino recorrido para conseguirlo.

En definitiva es esto lo que he aprendido de mis fracasos. Espero que te haya gustado y te sea de utilidad. Si es así por favor dale like y comparte.

¡Hasta la próxima entrada!

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