¿Sientes que no tienes el mejor humor en el trabajo? ¿Tienes ganas de gritarle la verdad otros? Te vas a hundir como el Titanic. Espontáneamente o de a poco.

Sigue leyendo porque te voy a contar algunas frases de mi experiencia que no debes decir.

En el trabajo podemos generar distintos tipos de relaciones. Algunas buenas, otras no tanto. Y esto depende muchas veces del humor con el que nos encontremos.

Este humor variable, más o menos dependiendo de la ocasión, puede deberse a cuestiones de lo más variadas.

Puede que la cantidad de tareas te esté saturando y sientas que no puedes más. O puede que tengas algún inconveniente extra laboral que te mantenga sensible a lo que ocurre en tu entorno de trabajo. Probablemente hayas pasado un mal rato por un desacuerdo con alguien, por poner un ejemplo.

Pero tienes que tener cuidado. Puede pasar, y casi seguro que así será (suena menos dramático si lo planteo en términos potenciales), que por responder de acuerdo a tu estado de ánimo (o emociones, dependiendo su duración y bla bla…) termines cargando con consecuencias no deseadas.

No es mi intención hablar de causas, efectos, soluciones, ni nada de eso. Simplemente quiero contarte acerca de dichos que yo evitaría, si estuviera en tu lugar. Me lo dice el sentido común y mi experiencia. Exacto, en algún momento cometí el error yo, o vi que lo cometieron otros

Las voy a transcribir tal cómo se dicen en Argentina. Así lo viví y así te lo cuento.

Frases a evitar

Empecemos por lo más básico. A veces un miembro del equipo está teniendo un mal día desde que se levantó. Por eso, cuando alguien hace una observación acerca de cómo realiza su tarea, explica brevemente el problema que tiene y continúa con:

-Agradecé que vine a trabajar.

Seguimos por algo más agresivo que la mayoría de las veces sólo saca a relucir la falta de habilidad para manejar a un empleado difícil. Alguien tiene su primer equipo a cargo y, siguiendo la corriente en una mala situación empresarial, se cansa de uno de sus integrantes que se niega a seguir las directivas de la compañía y dice:

-Si no te gusta, podés buscar otro trabajo.

La que viene es una manera ofensiva de recalcar que la acción del empleado no sólo es incorrecta. Además es obvio que debía actuar de otra manera. También en casos de una conducta desacertada que se repite a pesar de advertencias anteriores. Es cuando el jefe cansado pregunta:

-¿Sos boludo?

(Boludo básicamente significa tonto o estúpido)

La siguiente también es agresiva. Podría darse en una discusión entre jefe y empleado o entre pares. Uno de los implicados, teniendo razón o no, pierde el interés en lo que el otro piensa. Eso y algo de enojo (o mucho) genera que trate de terminar tan calurosa conversación expresando:

-Me chupa un huevo tu opinión.

(Esto significa que no te importa)

A veces una persona tiene un problema con otra: No le cae bien. Y en ocasiones ni siquiera es capaz de entender el por qué. Esto genera roces, alguna que otra indirecta y mal clima en el equipo. Pero surge la oportunidad en que una la cuestiona directamente a otra el porqué de su desacuerdo. Y ésta última encuentra la chance perfecta de ser muy sincera y responderle:

-Porque no me gusta tu cara.

Entramos en el terreno de la ironía y el sarcasmo, obviamente mezclados con estrés y ganas de ofender al otro. En este caso el empleado realmente no puede (o sólo aparentemente) seguir una instrucción de manera correcta. Ahí el jefe emite la reveladora frase:

– Se te pide que te acuerdes de leer un precio, no que resuelvas un teorema.

La que sigue se da entre el jefe y un empleado. El último no puede hacer algo bien. Su jefe interpreta que no está poniendo la energía adecuada ni mostrando el interés suficiente en hacerlo. El empleado recurre al jefe para que lo ayude (o lo haga por él) y éste logra cumplir la tarea que el primero no pudo. ¿Cómo reacciona ante el asombro del primero? Es muy simple. Le dice:

-Por esto soy tu jefe.

El antecedente es el mismo que el anterior. Alguien no puede hacer algo. Pero puede darse entre pares, o jefes y empleados en cualquier sentido. Aquí quien no pudo solucionar un problema pregunta a quien sí lo logró por qué se dio cuenta de cuál era la causa. El segundo responde:

-Porque soy más inteligente que vos.

En el trabajo (o en cualquier ámbito, pero hablamos de trabajo) una puede justificar una opinión explicitando los argumentos por las cuales llegó a la misma, o mencionar un determinado título académico que, en teoría, da fe de que los argumentos existen sin que tenga necesidad de expresarlos. Esto es una falacia muy común en la que por supuesto no ahondaremos ahora. Precisamente por ser una falacia, se dan casos en que la persona más preparada no tiene razón y esta realidad salta a la vista. En una situación así surgió la frase:

-No importa cuántos títulos tengas, siempre vas a ser menos inteligente que yo.

A la salida del baño nos encontramos a muchas personas. A veces, apurados por la urgencia de regresar a la tarea nos lavamos las manos, nos las secamos incorrectamente y quedan húmedas. Y a veces una persona puede cruzarse con el gerente, quien amablemente le da la mano para saludarlo. Al empleado, que piensa que el saludo no es realmente sincero, se le puede escapar de su boca:

-No te preocupes, es agua.

En fin, quería escribir un post más liviano si cabe, sin demasiada elaboración y justificación (menos florituras), pero sí con sentido común y una sonrisa al recordar estas situaciones vividas. Y aclaro que fui partícipe de más de una en épocas negras de mi estado de ánimo.

Conclusión

Para cerrar:

Sé respetuoso y no dejes que tu estado de ánimo controle lo que dices. Lograrás, en el mejor de los casos, pasar un mal rato. Por otro lado, los demás no merecen ser víctimas de tu mal humor. En un futuro puede que estés en su situación y alguien te responda de la misma manera. Te aseguro que no te va a gustar.

Espero que te haya gustado la reflexión.

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¡Hasta la próxima entrada!


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