El enojo, sus consecuencias y consejos para manejarlo

¿Cuántas veces el enojo te hace tomar decisiones de las que te arrepientes luego?

¿Alguna vez dijiste o hiciste algo que te gustaría poder borrar? No existe la máquina del tiempo. Así que talvez quieras prevenir estas situaciones.

En este artículo te voy a mencionar mi experiencia durante el tiempo que pasé enojado y las consecuencias. Además  te hablaré sobre esta emoción y cómo manejarla adecuadamente

Cuando vivía enojado

Desde pequeño las cosas me salieron bien. Veía un futuro prometedor en general para mí. Era buen estudiante, dibujante, y otras cosas.

Hasta que algunas cuestiones dejaron de ir tan bien.

Mientras más me esforzaba, peor me iba en cada aspecto de mi vida. Me veía estancado y no entendía por qué. Parecía tan injusto que eso me pasara. Trataba de ser buena persona, por lo menos según los principios que me habían enseñado mis padres.

El tiempo pasó y actualmente soy consciente del gran enemigo que tuve durante ese periodo: el enojo.

Porque la verdad es que se trataba simplemente de obstáculos. Todo el mundo se enfrenta a ellos en su vida. Sin embargo para mí se transformaron en una decepción acerca de la realidad.

Pero volvamos al enemigo. ¿Qué tenía que ver el enojo? ¿Por qué además de la consecuencia también era la causa de mi situación?

Vamos a analizarlo.

¿Qué es el enojo?

El enojo es una emoción que puede ser útil, pero también puede ser muy dañina para nosotros y nuestras relaciones. ¿Eso de qué depende? De la manera en que lo manejemos.

Y es que el enojo es un proceso que cumple una función concreta: ser más eficiente al hacer frente a una amenaza.

Como lees, ante un peligro la parte más primitiva de nuestro cerebro comienza a actuar desencadenando una serie de reacciones en nuestro organismo destinadas a hacerle frente.

Lo que ocurre en nuestro cuerpo

Ante una situación que va en contra de nuestros deseos o es percibida como injusta nuestra amígdala, ubicada en la parte más primitiva de nuestro cerebro, se activa y dispara una serie de señales que tienen por finalidad preparar el cuerpo para atacar:

  • Se cierran otras entradas de información.
  • Se libera adrenalina para que nuestro corazón lata más rápido y llegue más oxígeno a través de la sangre a nuestros músculos.
  • Las arterias se contraen para minimizar las posibles pérdidas de sangre. Además La sangre se aleja del sistema digestivo y de la piel.
  • Se libera cortisol para mantener al cuerpo en estado de alerta y estar preparado para reaccionar.

Esto lo percibimos como hormigueo en el estómago, palpitaciones, respiración acelerada, sudor.

Esto no es raro, ya que desde los primeros tiempos el ser humano ha tenido que luchar por su supervivencia. Y es este proceso es el que le permite reaccionar con la rapidez necesaria. Al fin y al cabo lo que se defendía era la vida propia o del grupo. Y la función del enojo es preparar el cuerpo para pelear en circunstancias en las que no hay tiempo de razonar acerca del peligro y la respuesta debe ser la mayor velocidad posible.

¿Entonces el enojo es útil?

Lo verdaderamente útil es el coraje, es decir una expresión no agresiva. Muchas veces es conveniente querer cambiar algo que no nos gusta, corregir una injusticia o simplemente expresar que algo nos molesta para que deje de ocurrir.

El problema que se da en la actualidad es que la mayoría pasamos nuestras vidas en un entorno en el que las situaciones que percibimos como amenazantes distan de luchar con un animal salvaje por el alimento. Sin embargo reaccionamos igual: nos enojamos por la demora al tomar un colectivo, cuando nuestra pareja llega tarde a una reunión familiar o cuando nuestro jefe nos pide tareas que parecen imposibles. ¿Verdad que no está en juego nuestra vida?

Sin embargo debes aceptar que el enojo existe y puede ser manejado adecuadamente.

Para ello debemos entender algunos aspectos más.

¿Qué defendemos actualmente cuando nos enojamos?

Actualmente en la mayoría de los casos, como dije más arriba, no somos agresivos para proteger nuestra subsistencia, sino aspectos que en la sociedad actual son considerados valiosos por nosotros mismos o terceros. Puede ser nuestro honor, nuestro ego, nuestro status quo o el de nuestra familia. En definitiva percibimos como amenaza lo que consideramos injusto o no deseado según nuestra escala de valores.

Normalmente nos enojamos cuando nos sentimos amenazados en dos tipos de circunstancias diferentes:

  • Situaciones externas que van en contra de nuestros deseos o consideramos injustas. Por ejemplo, si ves a tu compañero de trabajo llegar tarde casi todos los días; tu pareja olvidó hacer algo que le pediste, como pagar el alquiler de la casa; o un pasajero en el colectivo no le cede el asiento a un anciano.
  • Pensamientos acerca de circunstancias que no existen en la realidad. Puede ser algo que ya pasó, aunque para nuestra mente no distinga que no se trata de algo actual. O algo que imaginas que puede pasar. Como el jefe que recuerda que el empleado hace dos días olvidó enviar papeles importantes  y se enoja al recordarlo. O cuando supones que alguien no va a devolverte algo que le prestaste.

Como verás, no se trata de circunstancias que deban resolverse atacando a la otra persona. Sin embargo, nuestro cerebro hoy en día sigue reaccionando igual y nuestro cuerpo también. Y por esto tendemos a comportarnos agresivamente.

¿Por qué no lo resolvemos de otra manera?

Debido a que nuestro cerebro y cuerpo se preparan para hacer frente a una amenaza y las otras entradas de información se cierran, en la interacción con las otras personas pasan dos cosas:

Expresamos dichos sin pararnos a pensar que podemos estar lastimándolo.

Nuestro pensamiento se vuelve dicótomo. Esto significa que vemos todo en blanco o negro. Es fácil darse cuenta porque usamos palabras como “siempre”, “nunca”, “todo” o “nada”.

Frases como “siempre haces lo mismo”, “nunca me ayudas”, “todo se arruinó”, “no hiciste nada en todo el día” son comunes.

¿Qué consecuencias tiene esto en nuestras relaciones?

El comportarnos agresivamente puede hacer que insultemos a la otra persona, hiriéndola u ofendiéndola muchas veces. Usamos respuestas sarcásticas, que no son más que ofensas. Además solemos levantar el tono de voz. Con esto nos arriesgamos a dañar la relación. Lo peor puede venir en el caso de que el enojo se vuelva recurrente, y es que la gente se comenzará a alejar. Podemos perder amigos y las cosas seguramente comenzarán a salir mal a causa de malas decisiones. Y lo normal es buscar culpables. De esta manera nos enredamos cada vez más en un círculo del que es difícil salir.

Otras razones para manejar adecuadamente el enojo

El enojo produce:

  • Cansancio
  • Falta de concentración
  • Problemas de sueño
  • Debilitamiento del sistema inmunitario

Y estoy seguro de que no quieres eso.

Consejos para manejar el enojo

Sé empático

No entres en el juego del enojo ajeno. La persona enojada “no piensa” en dañarte. Sólo es presa de un mecanismo primitivo que no puede manejar. Si aprendes a pararte en el lugar del otro, te será más fácil lidiar con estas situaciones.

Responde asertivamente

Ante algo que no te gusta, no tienes por qué comportarte primitivamente (atacar o huir) y agravar la situación. Por el contrario, puedes expresar tu punto de vista de manera respetuosa y sin dañar la relación. Te recomiendo leer este artículo.

Cómo ser asertivo: 5 tips para comenzar

Aprende a aceptar

Si una de las causas del enojo son las situaciones injustas, entonces una buena práctica es aprender a aceptar las cosas. La realidad no es justa ni injusta per se, sólo lo es más que en nuestra cabeza. Así que dejar de pensar demasiado en términos de justicia te será de gran ayuda.

Una vez que puedas manejar el enojo también podrás buscar alternativas constructivas para transformas la realidad.

Date un tiempo antes de tomar decisiones

Mientras el enojo perdure tus decisiones no serán las más convenientes. Lo mejor es esperar a que la emoción haya pasado para para que tu capacidad de razonar no se vea afectada.

Aumenta tu conciencia de la realidad

Te recomiendo deshacerte de los pensamientos negativos que te producen enojo. Muchos son meras suposiciones o miradas parciales de la realidad, y esto hace que veas injustas o amenazantes cosas que posiblemente no lo sean o no tengan la entidad que creías. Para lograr esto comienza a hacerte preguntas acerca de la situación. Te servirá este artículo:

¿Te Preguntas Cómo Superar una Situación? Sigue preguntando

Conclusión

El enojo no es bueno ni malo. Simplemente existe y cumple una función. Lo que puedes hacer es aceptarlo y aprender a manejarlo adecuadamente para que no se convierta en un obstáculo para el cumplimiento de tus metas ni afecte la manera en que te relacionas con los demás.

Hasta aquí este artículo. Espero que te haya gustado y apliques los tips para manejar el enojo.

Sucríbete y comparte en las redes sociales.

¡Hasta la próxima entrada!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *