Tomar el control de tu vida para ser el protagonista

¿Estás harto de la insatisfacción con tu vida? ¿Ya no tenés el control de ella? Te cuento por qué deberías empezar a resolver este asunto de una vez, incluso aunque no te hayas dado cuenta. Porque puede que tengas esa sensación de que nada está mal. Pero tampoco está bien. Simplemente está así.

Control de tu vida

 

Qué implica perder el control

Algunas personas piensan que pueden controlar prácticamente todo. Otras piensan que nada se puede controlar. Y, si bien yo pienso que el control total no existe, tampoco caigo en la comodidad de que nada se puede controlar. A esto le suelen llamar de distintas maneras. “Dejarte llevar”, “dejar que fluya”, “disfrutar el momento”, “lo que tenga que ser será”. Ojo, que no estoy diciendo que no vaya muy bien hacer estas cosas. Todo lo contrario, suelen ser muy buenas ideas para disfrutar más de nuestra vida. Lo que intento decir en realidad es que en muchas ocasiones estamos ante justificaciones para todo lo contrario: la vida deja de ser algo que vivimos y se transforma en algo que nos pasa.

Señales de que perdiste el control

Arriba dije “incluso aunque no te hayas dado cuenta”. Y es que como entramos en modo piloto automático, cuesta captar el momento en que ya nos salimos totalmente del camino. Acá van algunos indicadores para que tengas en cuenta. Si esto te pasa, es que es momento de volver al control.

1-Excusas constantes

Cuando una persona ha pasado a convertirse en la víctima encuentra a menudo, por no decir constantemente, maneras de explicar el por qué le pasa lo que le pasa. Pero cuidado, esto no quiere decir que estén mintiendo acerca de algo para sobrellevar una determinada situación cuando están conscientes de que la responsabilidad es suya. O por lo menos, no me refiero a esos casos en que se trata de una simple mentira o manipulación de la realidad. Sin embargo, algunas veces la persona realmente piensa que la culpa es de algo externo, en su interior lo vive de esa manera.

2-Falta de metas

Puede pasar que los días pasen, levantándote para ir a trabajar sin que haya algo que quieras. Sí, ya sé que siempre queremos algo. Nada más que esta vez no me refiero a querer que llegue la hora del desayuno para comer ese sándwich que viste en la cafetería; o a ese televisor OLED 4K de 54 pulgadas que esperás comprar a fin de mes (lo cual está muy bien por cierto). Me refiero a que falta esa motivación que te empuja a querer lograr cosas nuevas, a plantearte aprender más, probar algo nuevo, crear algo nuevo, ver las cosas de otra manera. En definitiva se pasan los días sin querer ir más allá de donde llegaste ayer.

3-Falta de equilibrio

Más de una vez, en uno de esos días que una persona puede tener muy malos, escuché decir a algún jefe a su subordinado que no hay que llevar los problemas de la casa al trabajo. Yo mismo lo he hecho en alguna oportunidad. También he escuchado acerca de la famosa separación entre lo laboral y lo personal. Creo que debo haber olvidado que cuando uno está cenando en su casa es una persona, pero cuando está trabajando es algún otro tipo de cosa, ente, animal, o algo así.

Pero eso no quiere decir que cada una sea independiente de la otra. No sos una persona cuando estás en el trabajo y otra en tu casa. La verdad es que sos una sola persona que pasa por diversas situaciones en su vida. A veces para comprender mejor, la dividimos en áreas. Pero están conectadas por esa única persona que sos y una afecta a otra. O mejor dicho, lo que pensamos, decimos y hacemos va con nosotros todo el tiempo. Así que el estar pasando por un mal momento familiar, de alguna forma puede afectarte en tu trabajo, tus estudios, etc. Y , si para corregir algo sacrificamos otra cosa, terminás viviendo en un desequilibrio constante. Estás muy bien en algo y muy mal en lo otro.

4-Falta de acción

Si pensás (o no) que la vida te pasa, es muy probable que te cueste mucho actuar. Querés que las cosas sean de otra forma, y sin embargo no hacés nada para que ocurra. El miedo a fallar no te deja avanzar y te mantiene anclado y frustrado. O puede ser que no logres ver alternativas a tu situación actual. Incluso podría tratarse de estar demasiado pendiente de lo que los demás pueden pensar. Cualquiera sea el caso, tus ganas de crecer se quedan solamente en ideas. Y sólo con ideas nada va a pasar. Bueno, algo sí puede que ocurra: pasarte los días pensando en que las cosas no son como querés. En definitiva, falta equilibrio.

5-Falta de criterio propio

El hecho de no sentirte capaz de moverte hacia adelante o no ver cómo hacerlo es un problema. Y otro es el de darle el poder sobre tu vida a otras cosas o personas. ¿Habías pensado que con tu criterio también puede pasar lo mismo? Porque expresar con mucha seguridad opiniones y frases que escuchaste por ahí, no las hace propias. No son tuyas. Son de otros. Alguien dijo cosas como “no hay trabajo”. Y otros lo repiten. Lo escuchaste. Probablemente saliste a buscarlo, pero con la idea de que no hay. ¿Entendés a dónde quiero llegar?

¿Para qué retomar el control?

Si has visto en vos algunas de las señales de arriba, pero no estás seguro de cuánto vale la pena retomar  el control y liderazgo de tu vida, te anticipo que va a tener muchos beneficios.

1-Encontrar oportunidades de crecimiento

Alguien que deja de ser la víctima para convertirse en protagonista pasa a descubrir oportunidades para crecer. Incluso cuando las cosas no salen como lo esperás, podés descubrir en qué te equivocaste, cómo podrías hacerlo diferente y corregir para ir cada vez más allá. De esta forma dejás de echarle la culpa a algo o alguien. Por otro lado, pasás a preguntarte qué podés hacer para estar mejor.

2-Tener sueños y objetivos

Ver más alternativas te lleva a querer ciertas cosas para tu vida. Tu estado de piloto automático se cambia por sueños, metas y objetivos a cumplir. Todo esto porque ya no te ves como un atrapado, sino que muchas cosas te comienzan a parecer posibles de alcanzar.

3-Aumentar tu autoestima

La manera en que te ves a vos mismo cambia con el logro de objetivos y las oportunidades de crecimiento. Ser la víctima te quita el poder sobre tus decisiones y tus acciones. Pero ser el protagonista te hace consciente de capacidades que antes no veías. Cambia la imagen que ves todos los días en el espejo. Conseguir logros, más grandes o más pequeños, y avanzar de manera constante fortalece de esta forma tu autoestima. Podés leer más en el siguiente post:

Baja autoestima: consejos para mejorarla

4-Diseñar tu vida

Todo lo anterior te hace sentir capaz de entender y reflexionar sobre lo que está pasando en tu vida y sus distintos aspectos. Entender cómo se relacionan entre sí es más fácil. Por lo tanto es ahora posible decidir el camino más adecuado para crecer de manera armónica, persiguiendo objetivos sin dejar de lado otras cosas importantes para vos. En otras palabras, te permite llevar una vida plena y equilibrada.

Conclusión

A estas alturas habrás visto ya la importancia de dejar de ser la víctima. O peor, un simple extra de la película. Podés liderar tu vida, decidir qué querés y crecer. Desafiar constantemente tus límites. Es cierto que no podés controlar absolutamente todo y no siempre podés cambiar la realidad. Lo que sí podés es ser responsable de cómo encarás esa realidad. Está en tus manos hacerlo.

Si te ha gustado el post, podés utilizar esos llamativos botones para compartirlo y seguirme en mis redes sociales.

¡Hasta la próxima!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *